domingo, 23 de agosto de 2009

Batalla campal

Era una mañana como otra cualquiera... El capitán del escuadrón se levantó como todos los días temprano, esperando hacer lo de siempre, y como siempre, con sus auriculares puestos (Se dice que sirven para contener las habilidades del capitán): Por la mañana, leería tranquilo unas páginas de aquel libro que creía interminable, saludaría a sus soldados de igual a igual como siempre, Iría a dar una vuelta al campo para vislumbrar el caluroso paisaje que ante él se extendía. Sí, el campo en sí era caluroso. Era pleno verano, apenas se podía estar sin Tang, pero en compañía de sus soldados, o "compañeros", como decía él, estaba bien. Por la tarde esperaba encontrarse alguna avanzadilla o algún loco que como siempre querían armar escándalo por aquel lugar, eso sí, locos con rifles de asalto, ahí es nada. Así que acabaría con ellos y poco más. Era siempre igual... Pero... La calma se distorsionó... De pronto, aquella tarde, llegó un tipo bastante raro...

- No parece peligroso... - Dijo el capitán, en tono serio.

- Capitán, pero y si... - Le respondió uno de sus soldados.

- Espera... A ver que sucede... ¡Alto! - Gritó el capitán.

El tipo llegó y miró al capitán.

- Hola, vengo a entrar en el pelotón.

- Pero... Espera... Estarás de broma, ¿verdad?

- Venga, ahora vuuelvo.

El tipo se metió en los bastidores del lugar.

- WTF... El capitán se quedó con una cara... ._.

- Cap, no pasa nada - Le respondió otro de sus soldados.

- Bueh... Creo que sería demasiado problemático hacer algo...

Y así entró en el pelotón... Y así se creyó que era bueno... Y así hace lo que le sale de... Y así fueron llegando algunos más. Algunos de los que llegaban parecían adecuados al pelotón, y se adaptaron bien, pero otros... Otros eran casos perdidos incluso antes de entrar...

El capitán era tranquilo. Nunca, nunca estaba cabreado, siempre intentaba ser amable con todo el mundo. Él siempre decía:

- Hay muchos tipos de personas, hay que saber aceptar a cada uno tal y como es.

Una tarde de unos días después llegó uno que parecía un tanto extraño... Pero bueh, así es la gente, cada uno a su manera...

Desapareció y días después llegó de nuevo.

- El pelotón está bien, pero el ejercito es una mierda.

El capitán le pegó tal patá en los cojones que el tio tuvo que irse al río (¿...?)

Al rato volvió, con la misma cara de idiota.

- Disculpate por lo que acabas de decir. - Le dijo el capitán, con el ceño un poco fruncido. Parecía que lo habían llegado incluso a tocar un poco la moral.

Pero el tipo no tuvo otra cosa que decir que:

- Jo, me he dado con una piedra, ¡que dolor!

El capitán se quedó... Los soldados lo miraban con cara de WTF. Algunos le decían:

- Pero alma de cántaro, si ha sido él quien te ha dado.

- No no, yo me he tropezado.

- ¡Disculpate por lo que has dicho! - El capitán tornó su rostro aún más serio.

- Pero si no he dicho nada.

- Ah, entonces no has insultado al ejercito, ¿no?

- Pero es que... ¡Es más os odio a todos!

El capitán preparó su sus botas para volver a patearle, y también... Pero tarde, estaba mirando algo para ayudar a uno de sus compañeros, y cuando volvió a mirarlo dispuesto a darle su merecido, ya no estaba allí. Uno de sus colegas (Este tenía más o menos el mismo rango) Ya lo había hecho por él.

- Pero... Pero... Si me hacia ilusión hacerlo... - Dijo el capitán.

- Ah, lo siento, no lo sabía. - Dijo su hamijo, luego de soltar una carcajada.

- Bueh... No pasa nada... - Dijo el capitán ya de nuevo como siempre...

Y así siguió el tiempo, levantándose a la misma hora siempre, haciendo lo mismo, intentando mejorar poco a poco... Pero los peligros no se alejaban ni mucho menos...

Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario